viernes, 13 de diciembre de 2013

¿CÓMO ES QUE LLEGAMOS A SER CIEGOS?



¿CÓMO ES QUE LLEGAMOS A SER CIEGOS?

 No queremos aceptar que necesitamos al Señor, nos resistimos y oponemos férreamente a admitirlo, y eso es porque tenemos miedo, no queremos confiar, y mucho menos obedecer, al contrario, queremos que todos nos obedezcan.

 Nos hemos vuelto caprichosos, obtuso, tercos que solo piensan en imponerse siempre, que se desesperan por prevalecer, y aunque parezcamos fuertes, somos débiles, cosa que queda demostrada en esa violencia con la que obsesivamente siempre tratamos de ganar.

 Dedicados a pasar por el mundo con una actitud tal, estamos claramente empecinados en perdernos, totalmente dedicados-consagrados a las tinieblas y bajo el imperio-capricho de satanás, jugando su juego, aquel en el que él miente y nosotros le creemos.

 Es hora de abrir los ojos, de dejar de mentirnos a nosotros mismos, de lo contrario, estamos atravesando ya un punto sin retorno en el que se hace irreversible la perdición, simplemente porque confirmamos que queremos pasar por el mundo sin Dios, prescindiendo de Él, renegando de Su Voluntad.

 En la misma situación se hallan quienes dicen-fingen amar a Dios y se contentan con practicar algún rito mientras no disciernen Su Voluntad e impiden Su Revelación, simplemente comparar su actitud con la de los fariseos, maestros de la ley, saduceos, escribas, etc., del tiempo del Primer Paso del Señor por el mundo.

 El miedo es preocupación por sí, es una autodefensa, pero también es esa tiniebla que en el alma se forma nimbándonos, cuando estamos separados de Dios.

 Cercados por la muralla de miedo, suponiendo que nos defendemos cuando rechazamos, desconfiamos, cuestionamos y nos dedicamos a vencer, imponernos y prevalecer, no vemos que estamos rechazando a Dios, prescindiendo de Él, entregándonos a la perdición.

 Esto sucede porque nos hundimos-perdemos en nosotros mismos, nos sumergimos en el abismo de nuestro ser desamorado, orgulloso, vicioso, no haciendo otra cosa mas que mirarnos, contemplarnos, pensar obsesivamente en nosotros mismos.

 El mismo miedo nos domina, somete y doblega, por ello anteponemos el ‘yo’, pensamos en nosotros y no miramos verdaderamente a Dios, ni recibimos ni aceptamos a nadie, siempre estamos cercados, amurallados, acorazados, a la defensiva, despreciando-rechazando como si fuese salvación.

 Así es como nos volvemos ciegos, con miedo siempre creciente insistimos con lo que se nos ocurre, o con lo que el adversario sugiere infiltrándolo en los pensamientos desde el fondo del abismo en el que nos estamos sumergiendo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario