lunes, 23 de diciembre de 2013

LA MEZQUINDAD TIENE PREMIO



LA MEZQUINDAD TIENE PREMIO

 No quieren ver, entender, comprender las almas que aquello que le han negado a Dios, se lo quita el adversario, incluso y especialmente la misma vida, la miseria de las almas solo llama a satanás.

 Un poco de generosidad en el mundo para con Dios lograría que Él entrara en las almas y volviera al mundo, pero las almas son mezquinas, orgullosas ególatras miserables, peores que egoístas, descubriendo abismos que no tienen ni nombre ya.

 Tenemos o padecemos la gran desolación porque hemos sido, y continuamos siéndolo, miserables para con Dios, mezquinos egoístas y perversos que no abren los ojos ante la realidad ni siquiera para su bien.

 Ya que deseamos ser rebeldes y no ser generosos con Dios, podríamos usar ese egoísmo infernal para nuestro bien, podríamos usarlo para buscar egoístamente nuestro bien, pero somos tontos, tan orgullosamente ciegos que solo lo usamos para autodestruirnos, para provocarnos el mal, exponernos-entregarnos a satanás y a la muerte eterna.

 No vemos las realidades espirituales, no las consideramos, no nos interesan, pero no por ello dejan de ser, no por ello van a cambiar o modificarse, los estúpidos infantiles delirantes de soberbia somos nosotros que deseamos creer cualquier cosa para continuar encerrados en el olvido y la negación de Dios.

 Pasando por el mundo en ese estado, no podemos quejarnos de lo que padecemos, mucho menso de lo que padeceremos, sin embargo, ciegos, orgullosos, tercos testarudos convencidos de sus delirios, acusamos hasta a Dios si fuese necesario con tal de dejar el orgullo a salvo.

 No vemos que nos abrazamos a una piedra de molino que se precipita al fondo del mar, no queremos renunciar a nuestro orgullo delirante, al contrario, deseamos continuar insistiendo con que merecemos ser reconocidos aceptaos, adorados, etc., mientras nos negamos dar todo eso a Dios que es a quien le corresponde.

 Hemos llegado a ser ególatras desamorados encerrados en sus fantasías que no ven ni inquieren reconocer la realidad que les golpea, que no abren los ojos ni aun cuando la verdad es mas que evidente.

 Considerar esto simplemente, pensar en sí es olvidarse de Dios, olvidarse de sí es el camino de la Salvación, es donde libres podemos mirar a Dios, escucharlo, prestarle atención y obedecerlo.

 La mezquindad tiene premio, el premio es la muerte eterna, porque no siendo capaces de amar a Dios, lo único que hacemos es consumirnos, devorarnos, entregarnos a la perdición en un abominable camino de corrupción y descomposición.

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