sábado, 22 de febrero de 2014

NO CAMBIA SU NATURALEZA CAMBIARLE SOLO EL NOMBRE



NO CAMBIA SU NATURALEZA CAMBIARLE SOLO EL NOMBRE

 Notar que nuestros caprichos tienen origen en los miedos, en las preocupaciones, porque nos movemos instintivamente para defendernos, protegernos, prevenirnos, etc., y no cedemos lo que deseamos, lo que suponemos que nos conviene.

 Antes de seguir obrando como animales, es decir, guiados por el instinto, debemos comenzar a buscar a Dios y dejar Que Él nos Guíe como corresponde a los hijos de Dios.

 No hacemos otra cosa mas que perjudicarnos en el mundo porque nos comportamos cómoda y caprichosamente, porque no buscamos la Voluntad de Dios y nos dedicamos a alimentar el ego, conformar el orgullo, satisfacer vicios.

 Queremos pasar por el mundo como esclavos, y lo somos, somos esclavos del miedo, de la inútil preocupación por sí, de los vicios, de ambiciones, corrupciones, abominaciones, de vanidades, etc.

 Deseamos ocultar la mediocridad, escondemos la cobardía y nos dedicamos a gritar en el metro cuadrado de nuestra existencia miserable, ahí mandoneamos, mandamos como si otros debieran obedecernos, pero no queremos obedecer, no deseamos escuchar al Señor.

 Cuanto mas rebeldes y caprichosos, mas mandones inútiles, no queremos comprender que es así como nos estamos destruyendo y como estamos destruyendo y anulando a otros.

 Debemos abandonar comodidades, falsas seguridades, dejar de ocultarnos cobardemente y comenzar a hacer lo que debemos hacer, es hora de madurar y de dejar el histeriqueo propio de prostitutas inútiles que solo reclaman, se quejan y acusan generando la insatisfacción constante que las mantiene postradas en tinieblas.

 Lo que padecemos es consecuencia de la cobardía, porque no queremos movernos, porque deseamos permanecer asentados en la comodidad, en la indiferencia hacia Dios y Su Voluntad dedicándonos cómoda y egoístamente a volver incómoda nuestra vida y la de otros, o sea, a perjudicarnos.

 Cobardes cómodos que no se mueven ni les interesa hacerlo, solo gritamos, nos quejamos y reclamamos infantilmente no queriendo movernos. Fingimos que es humildad la comodidad y cobardía que nos mantiene postrados en el abismo y sumergidos en tinieblas.

 Podemos llamarla como se nos ocurra, pero eso no va a mudar la naturaleza de las cosas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario