lunes, 10 de febrero de 2014

SOMETIDOS A SUS INFILTRACIONES Y MANIPULACIONES



SOMETIDOS A SUS INFILTRACIONES Y MANIPULACIONES

 No queremos aprender a esperar y perseverar, no deseamos tener paciencia, somos caprichosos rebeldes desbordados por su ambición que se desesperan por obtener lo que quieren, buscan, desean.

 No nos interesa madurar, crecer, prender a vivir, ni nos interesa amar verdaderamente, solo queremos obtener lo que ambicionamos como nenes caprichosos.

 Al pasar por el mundo con esa actitud, lo único que hacemos es deformarnos como demonios, convertirnos en fieras desesperadas por obtener satisfacción para sus instintos.

 De esta manera es que nos estamos autodestruyendo, perjudicando de manera irreversible, porque nos hundimos y hundimos con el adversario que pasa a estar en nosotros y por medio nuestro en el mundo.

 Esto ocurre aun no queriendo y no es injusto porque sin saberlo aceptamos su voluntad, compartimos sus ambiciones, deseamos lo mismo que ese cerdo infernal entrando en complicidad con él.

 O bien aprovecha ambiciones propias, o bien instiga otras porque así es como logra entrar, como penetra en el alma y se constituye en el espíritu que la mueve o anima.

 Finge obrar por el bien del alma, pero en realidad la usa, somete, domina, manipula y dispone de ella, se sirve de su ambición para tenerla atada o encadenada y hacerla danzar al compás de sus caprichos y ambiciones.

 Entender acá, lo que nos coloca a merced del adversario, lo que le abre la puerta a nuestra alma es tener similitud con él es compartir su espíritu, ser ambiciosos, rebeldes, orgullosos, desamorados, ese preocuparse por sí y dedicarse a hacerse amar.

 Un deseo, una ambición, una rebeldía, etc., son cuñas que el adversario emplea para entrar en el alma y para luego manipularla, hacerla hacer o no hacer, para disponer de ella a la vez que le quita vida o succiona vitalidad.

 Tenemos que dejar de estrellarnos contra Dios, dejar de rebelarnos contra Él, y como no sabemos bien de que se trata la rebeldía que nos esta sometiéndola adversario, de parte de Dios mismo tenemos que escucharlo.

 Debemos dejar de querer dominar o vencer a Dios aceptando lo que no queremos aceptar, simplemente porque ahí muere el orgullo, se destierra la ambición y son vencidos todos los enemigos espirituales.

 Si muere la voluntad propia, no tiene de donde sujetarse el adversario, no tiene donde meterse satanás, entonces, no puede controlarnos, someternos ni disponer de nosotros.

 La habilidad del cerdo esta ahí, en fomentar voluntad propia, que en esencia es rebeldía, para que estemos sometidos a sus infiltraciones y manipulaciones.

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